Santa Laura Montoya, signo de espiritualidad y defensa del territorio en Jericó

Vereda Vallecitos, Jericó | Enero de 2026


La espiritualidad y el legado profético de Santa Laura Montoya continúan inspirando a una Iglesia que camina junto a los pueblos campesinos e indígenas, acompañando sus luchas, sus esperanzas y su defensa de los territorios como lugares sagrados de vida.


En la tarde del último sábado de enero de 2026, en la vereda Vallecitos de Jericó, se vivió un significativo gesto de fe, memoria y compromiso: la instalación y bendición de un monumento en honor a Santa Laura Montoya, en el marco del Encuentro sobre Ecoespiritualidad frente al Extractivismo Minero.


La celebración fue presidida por Monseñor Noel Londoño, junto a la comunidad jericoniana, organizaciones sociales y eclesiales, y el Nodo Colombia de la Red Iglesias y Minería, en un ambiente de oración, reflexión y comunión con la tierra.


Santa Laura, mujer de profunda espiritualidad misionera, soñó con la libertad y la dignidad de los pueblos históricamente olvidados y excluidos. Hoy, su tierra natal, Jericó, enfrenta graves amenazas derivadas de proyectos extractivos promovidos por empresas como AngloGold, señaladas por comunidades y organizaciones por presuntas violaciones a los derechos humanos y ambientales en diversos territorios de América Latina y África.


En este contexto, el monumento bendecido se convierte en un símbolo visible de una espiritualidad que no se encierra, sino que camina y acompaña al pueblo, recordando que la fe cristiana implica también el cuidado de la casa común y la defensa de la vida en todas sus expresiones.


Durante el encuentro, la comunidad elevó una plegaria colectiva que resonó como clamor y esperanza desde las montañas de Jericó: “Madre Laura, protege nuestras montañas”. Una oración sencilla y profunda que expresa el anhelo de quienes habitan y aman este territorio.


Las Misioneras Lauritas Lauritas estuvieron presentes, reafirmando su compromiso con el carisma de Santa Laura, una espiritualidad encarnada que escucha el grito de la tierra y el clamor de los pobres, y que sigue alentando procesos de resistencia pacífica, cuidado comunitario y esperanza activa.


Este gesto, profundamente simbólico y profético, recuerda que la herencia espiritual de Santa Laura Montoya sigue viva, alentando a la Iglesia y a las comunidades a defender la vida, la dignidad y los territorios como dones sagrados confiados por Dios.