Misioneras Lauritas presentes en la visita del Nuncio Apostólico a Buenaventura (Colombia)
Un signo de esperanza, cercanía y paz en medio del dolor del territorio
La comunidad de Buenaventura recibió con profunda alegría y gratitud la visita pastoral del Nuncio Apostólico en Colombia, Monseñor Paolo Rudelli, del 20 al 23 de enero, en el marco de los 54 años de la Pascua de Monseñor Gerardo Valencia Cano, primer vicario apostólico de Buenaventura y recordado como el obispo de los pobres. En este contexto de memoria viva y compromiso evangélico, las Misioneras Lauritas hicieron presencia cercana y solidaria, acompañando a las comunidades desde su carisma misionero y su opción por la vida amenazada.
La visita del representante del Papa León XIV fue un signo concreto de esperanza, armonía y cercanía para un territorio profundamente marcado por la violencia, el conflicto armado, la pobreza y la exclusión social, pero también sostenido por una fe viva, resiliente y profundamente enraizada en el Evangelio.
Una Iglesia que camina con su pueblo
Por invitación del obispo de Buenaventura, Monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya, el Nuncio desarrolló una intensa agenda pastoral que incluyó encuentros con comunidades urbanas, rurales y ribereñas, visitas a parroquias, instituciones educativas y obras sociales de la Iglesia, entre ellas el Banco de Alimentos diocesano y la parroquia Sagrado Corazón de Jesús, en el corregimiento de Puerto Merizalde, a varias horas en lancha desde el puerto.
Las Misioneras Lauritas, presentes en distintos espacios de acompañamiento pastoral y comunitario, se unieron a este caminar eclesial que busca sanar heridas, fortalecer la esperanza y reafirmar la dignidad del pueblo bonaverense, especialmente de las comunidades más golpeadas por la violencia cotidiana.
Monseñor Rudelli expresó al finalizar su visita: “He encontrado una diócesis que comparte y vive la vida de este pueblo; que comparte también los sufrimientos de esta tierra, pero igualmente sus alegrías, sus gozos y sus esperanzas”. Destacó además que el mensaje central de su presencia fue el mismo que el Papa León XIV dirige a toda la Iglesia: “La paz esté con ustedes”, subrayando la vocación de la Iglesia de Buenaventura como constructora de paz.
Buenaventura: fe, dignidad y resistencia
Durante su recorrido, el Nuncio Apostólico insistió en que Buenaventura no puede ser reducida a una narrativa de violencia. “Aquí hay mucha gente que vive, que trabaja y que tiene fe”, afirmó, reconociendo la riqueza humana, cultural y espiritual del territorio.
Este mensaje resuena profundamente con la misión de las Misioneras Lauritas, quienes desde hace años comparten la vida con el pueblo, acompañando procesos educativos, pastorales y comunitarios, y siendo presencia evangélica en medio de contextos de sufrimiento y exclusión.
Memoria profética de Monseñor Gerardo Valencia Cano
Uno de los momentos más significativos de la visita fue la Eucaristía inculturada celebrada en la Catedral San Buenaventura, con motivo del 54 aniversario del fallecimiento de Monseñor Gerardo Valencia Cano, sepultado en este templo tras su muerte en 1972.
El Nuncio destacó la vigencia de su legado pastoral, profundamente inspirado en el Concilio Vaticano II y en una opción clara por los pobres, los afrodescendientes y los excluidos del Pacífico colombiano. Su testimonio continúa iluminando el caminar de la Iglesia y de las congregaciones religiosas presentes en el territorio.
Frutos pastorales y compromiso con la reconciliación
Como fruto de esta visita apostólica, Monseñor Rubén Darío Jaramillo anunció el inicio de una misión evangelizadora en sectores especialmente afectados por la violencia, con visitas casa por casa para llevar consuelo, cercanía y esperanza. “Qué más frutos que los frutos del amor: reunirnos en torno a la unidad de la Iglesia, al amor a Dios, al amor al Papa y al amor a este pueblo que tanto nos estima”, expresó el obispo.
Las Misioneras Lauritas renuevan, a la luz de esta visita, su compromiso de seguir siendo presencia de consuelo, reconciliación y esperanza, fieles al Evangelio y fortalecidas en el Espíritu de Jesús, caminando junto a un pueblo que, aun en medio del dolor, sigue creyendo en la vida y en la paz.
Las Misioneras Lauritas continúan su misión en Buenaventura, convencidas de que la paz se construye desde la cercanía, la escucha y el amor que no abandona.